En el Bus
En el bus
Veía con una mirada perdida y distante el paisaje que se asomaba por las ventanas del bus. Veía como cambiaba a cada momento el ambiente a medida que avanzaba el bus lentamente por las calles pavimentadas de la ciudad siguiendo una ruta que repetía mecánicamente todos los días, todos los meses, todos los años. Veía la luz filtrarse por las ventanas y dar en su rostro, dejando un cálido matiz en su tez blanquecina. Veía como el abundante follaje de los árboles de un parque era reemplazado rápidamente por las grises murallas de un edificio. Veía, sin ver, lo que la rodeaba con una indiferencia casi sublime que le daba a sus orbes del color de la noche un aspecto tétrico y fantasmal, etéreo.
Suspiró fijando su vista en un punto de su zapato. Veía las líneas del metal que hacía de suelo en el bus. Escuchaba el ruido repetitivo, monótono y agudo que hacía el motor de aquella máquina mientras se movilizaba por las calles atestadas de personas, tan encismadas en sí mismas, que apenas se daban cuenta de aquello que las rodeaba.
Sintió una punzada en su pecho y se llevó las manos, lenta y cuidadosamente, a aquella zona de la cual ese profundo dolor se hacia latente. Suspiró otra vez mientras volvía a fijar su vista en el paisaje hecho de tonos verdes y grises, de tonos café y crema.
Otra punzada la atacó en el pecho, sin tanta piedad como la anterior, más dolorosa y profunda. Miró el firmamento, mientras se reclinaba sobre su pecho, entrelazando sus brazos sobre aquel lugar del cual provenía tal sufrimiento que ahora amenazaba con nublar sus pensamientos.
Miró el firmamento y vio el azul tal claro que cubría el cielo, ese azul idéntico al color de las paredes de aquella habitación. – No, no puede ser. Nosotros, tú y yo, lograremos salir de este problema... – decía casi mecánicamente, mientras veía de una forma distante y perdida a su interlocutor. Suspiró, de nuevo, mientras esperaba impaciente la respuesta. – Estás loca, ya todo acabó. No hay más remedio. – escuchó decir casi como una sentencia, escuchó salir de aquellos labios atrapantes que la tenían hipnotizada y aferrada a esa vida de una forma tan extraña, de una forma dolorosa y patética. – Olvida que esto alguna vez ocurrió. – y esa hermosa voz, profunda y algo suave, pero sin dejar de ser varonil, le volvió a decir.
Sintió una punzada en el pecho y de sus ojos brotaban, copiosas y brillantes, ligeros ríos de agua salada que caían caprichosos sobre sus mejillas sonrosadas. Se abrazó, de nuevo, como lo había hecho tantas veces, así misma mientras veía como una sombra se alejaba, pasando cerca suyo, como si aquella existencia no le importara en lo más mínimo.
Otra punzada la volvió a atacar en el pecho, esta vez inmisericordiosa y cruel, mientras se dejaba caer sobre sus rodillas ante el dolor que experimentaba. Tosió, repetitivamente, y unas gotas de sangre cayeron sobre sus delicadas manos. - ¿Qué ocurre ahora? – escuchó con un dejo de preocupación salir aquella pregunta de los labios de aquel que se disponía a marcharse, para no volver. – Nada – dijo, tratando de sonar despreocupada y casi inocente. No importaba, él ya se había marchado sin esperar respuesta alguna.
Sintió su pecho arder de dolor, y se dejó vencer por aquel sufrimiento que le inundaba su alma, frágil y silenciosa, que gritaba a los vientos palabras de dolor eterno y denigrante, de dolor etéreo y sublime.
Calló su voz, cayó sobre sus piernas flectadas a causa del dolor que le inundaba el alma y el cuerpo. Cerró los ojos mientras las lágrimas caían sobre sus mejillas, casi como un grito desgarrador que se expresa sólo en el silencio del alma.
Escuchó un ruido sordo y profundo, mientras en esa oscuridad, acogedora y agobiante, que le brindaba su mente se refugiaba de sus pensamiento que amenazaban con ahogarla en tal dolor. Luego, no recordaba mucho más. Solo una mano que le tomaba las manos y una voz suave que le preguntaba, casi en un murmullo, cosas que ella no entendía.
Se estaba muriendo su alma. Se estaba muriendo ella. Se estaba muriendo sentada en un bus, mientras la sangre corría por sus manos y labios, y la gente desesperada por aquella situación intentaba buscar ayuda.
Desfallecía. Desfallecía su cuerpo y su mente. Ese día, falleció todo su ser.
Comments
Hakayoi Says:
aww ;__;
I need to learn Spanish >>;